El 15 de  diciembre de 1998 la familia comienza un viaje hacia Venezuela. Allí nos esperaba la tía de mi papá donde íbamos a permanecer durante el viaje y quienes nos recibieron de la mejor manera. Íbamos mi familia y yo. De la casa de mi tía ubicada en Valencia hasta el Parque Nacional Médanos de Coro hay aproximadamente dos horas y media; esa mañana salimos  temprano de modo que nos rindiera, el plan era pasar la mañana en los Médanos, almorzar y luego avanzar un poco más hasta bordear la costa.

Los momentos que pasamos en este bonito lugar fueron muy gratos, decía mi mamá, la arena del desierto tapaba media calle, obstaculizando el paso de automóviles. Estas grandes montañas de arena fueron aprovechadas por la gente quienes se deslizaban de los más alto hasta la carretera; caminar por esta arena con forma de dunas era algo increíble, cuenta mi tía que yo saltaba, corría, y disfrutaba enterrarme en la arena, en fin qué no hacía yo. Una anécdota muy especial que me contó mi madre fue que ese día precisamente yo de 3 años y medio, aprendí a amarrarme los cordones de los zapatos llenándolos de orgullo y felicidad.

Parque Nacional Medanos de Coro

Parque Nacional Medanos de Coro

Foto tomada en 1998

Source: Venezuela

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