Esta historia es una más de miles en nuestro país, de personas que no vivieron para contarla y otras que con valentía fe y un poco de suerte lograron vencer las adversidades de la violencia producto de ideales políticos. Más que una historia es un homenaje en vida a la persona que a mi parecer es la más valiente y aferrada a la vida que jamás conocí, mi abuelo el señor Herminio Agudelo Valencia; nacido el 25 de julio de 1937 en una humilde familia campesina y trabajadora en la vereda Rosarito del municipio de Murillo (Tolima).

En el año 1949 cuando tenía solo 12 años, vivió el horror de ser desplazados por la violencia ya que por esos tiempos los liberales y conservadores (cachiporros y godos) se disputaban el poder de la zona, fue allí donde comenzó su odisea. Siendo mi abuelo uno de los hijos mayores en la familia, tuvo como misión protegerla  para sobrevivir ya que la edad de sus otros hermanos oscilaba entre los 2 a 10 años. Como pudieron salieron de su tierra escasamente con lo que llevaban puesto, era un viaje largo y peligroso ya que su destino final era Manizales donde su hermano mayor y su padre aguardaban y elevaban oraciones por ellos.

Luego de muchas horas de camino pararon en una finca donde amablemente les ofrecieron posada y alimentos, esto le pareció raro a mi abuelo ya que a sus 12 años poseía una astucia increíble y luego de que los instalaran en una habitación de la finca, él se dedicó a escuchar lo que aquellas amables personas hablaban;  unas de las conversaciones apuntaba a  que si se quedaban en ese lugar morirían; ya que escuchó a la amable pareja decir que por lo menos esa pobre familia moriría con la barriga llena.

Sin dudarlo un segundo mi abuelo salió de allí con su madre y sus hermanitos sin rumbo fijo, pero con mucha suerte ya que se dirigían por el camino correcto, luego de horas de caminata y dejando atrás casas quemadas y cadáveres de familias enteras producto de asesinatos, falta de alimento o víctimas del inclemente frío. Siguieron adelante con los niños pequeños cargados en canastos, algunos con sus ojos vendados para que no vieran las imágenes tan desgarradoras. Como pudieron llegaron a un lugar llamado la Cueva de Nieto donde se refugiaron, mientras su madre y los niños pequeños descansaron al calor de una fogata en aquella cueva, mi abuelo y un primo mayor que el,  cumplían una misión vital que era conseguir alimento como fuera,  si querían llegar con vida a su nuevo destino.

Como pudieron lograron robar un cordero de una finca aledaña lo que calmó el hambre de toda su familia y al día siguiente continuaron su camino por el Páramo de Letras y finalmente esta historia concluye con un emotivo encuentro y el comienzo de una nueva vida en la ciudad de Manizales.

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