Las historias que aquí entregamos tienen varios elementos en común: hombres adultos que trabajaron desde niños en busca de superar la pobreza con la que nacieron; jornaleros “andariegos” que estaban donde el trabajo los llamaba, obreros que soñaban con un día tener su propio negocio y ser dignos de la familia que formaron; personas llenas de fe en un futuro mejor, mujeres que marcaron la vida de esos hombres y mujeres con un relato propio y, en todo caso, seres esperanzados y risueños dispuestos a compartir sus vivencias.

Estas historias muestran que la cultura cafetera rompe el imaginario del café y se expresa en múltiples oficios que estructuran el desarrollo y la vida cotidiana de los pueblos.

 

     

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