Mi abuelo,  un aventurero de corazón salía día a día en búsqueda de oro por las montañas de Risaralda esperando hallar un gran tesoro, ponía su fe entera en una paila, su instinto, un sombrero y unos cuantos trapos, seguro de que ese, el día que fuera, sería su gran día. Su padre y el padre de su padre mantenían esta misma vocación de guaquería y la recolecta de café.  

En la familia se contaba una leyenda llamada Las pierdas del sol, “se decía que en la época donde el hombre era uno con la naturaleza y no existía deseo alguno de superioridad, nació de una semilla del sol una flor dorada cuya principal razón de existir era la de conceder cualquier deseo a quien fuese que fuera en su búsqueda, por décadas todo iba bien, la armonía y la paz reinaban, hasta que la codicia y el deseo de ser mejor unos que otros le dieron a esta hermosa flor un mal uso, por lo tanto el espíritu del sol decidió arrancarla de raíz y llevársela de nuevo con él, sin embargo tanto era el amor que esta flor sentía por la humanidad que esparció por el mundo entero sus propias cenizas, estas se implantaron únicamente en piedras ya que solo estas podían soportar la energía emanada por dicha flor. Así que el hombre afortunado de encontrar una de las tantas piedras del sol, tenía la fortuna de cumplir un deseo que no fuese egoísta;  si por alguna razón su deseo era egoísta, la muerte llegaría a él y a su familia en menos de un año. La piedra debía permanecer en su familia de generación en generación hasta que el sol decidiera enviar de nuevo su flor y recolectara estas piedras que contenían sus cenizas.”

Mi abuelo deseaba con todo su corazón encontrar una de estas piedras, desde pequeño en cada búsqueda que hacía rogaba encontrar una, a pesar de que le dijeran que era un simple mito el no perdía la esperanza, así fue como una tarde de un 19 de abril a sus 24 años mientras buscaba oro con su paila,  notó que algo cayó al río con mucha intensidad y salió en su búsqueda, pero no encontró nada,  se dio la vuelta para volver a casa pero una energía increíble lo devolvió, buscó entre los matorrales y allí efectivamente se hallaba una piedra brillante, la voz del viento le susurró que esta era una piedra del sol, pidió su deseo. Ya que se encontraba muy enamorado de Olga la que ha de ser mi abuela,  el pidio casarse con ella y ser feliz toda la vida a su lado y fue así como la piedra le cumplió el deseo. Meses después viajo a Atlanta Estados Unidos,  allí con unos amigos buscando oro, encontró un fósil que ha guardado como uno de sus grandes tesoros.

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