LUGAR: Marsella, Risaralda.

Cuando algunas personas practican un mismo oficio por mucho tiempo, tal parece que van perdiendo su nombre, dejan de ser fulanito de tal para convertirse en “el carnicero”, “el cacharrero”, “la modista”, la secretaria de este o de aquel. Este es el caso de don Alberto Valencia Gil “el notario del pueblo” quien por más de veinte años “y no recuerdo cuantos más” – como él mismo lo dice – se la pasó haciendo matrimonios, registros civiles y cuanto papel de carácter notarial necesitaban las personas.

Don Alberto es carismático y sociable, en cada esquina encuentra un compinche con el cual compartir un chiste o alguna historia del día, en cada balcón tradicional encuentra algún conocido al cual brindarle un saludo de esos que casi ya no se ven por las calles. Entre sus ratos de disfrute de los años de jubilado “El Notario” se divierte ordenando y escuchando sus discos de tango, bolero, vals y otras más;  en su cintura carga una cámara fotográfica para  “retratar alguna pelea que se pueda presentar en la calle”, alguna imagen curiosa de esas que surgen por entre los caminos que recorre todos los días o fotografiar alguna casa vieja para su colección, antes de que sea derrumbada por el avance del mundo moderno. Alberto además,  es la memoria viva del deporte en Marsella, en su memoria mantienen vivos recuerdos deportivos de 50 años atrás,  conversar con él es dar una hojeada a un pasado lleno de historias, reflejo de una tradición que empieza a estar en desuso

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