LUGAR: Marsella, Risaralda.

Aunque no es muy normal ver entre los países árabes costumbres católicas, los colonizadores que llegaron a Marsella a principios de su fundación  dejaron como herencia entre sus hijas una biblia escrita en árabe, que nadie más ha podido leer en el pueblo aparte de los primeros pobladores, que nunca enseñaron su idioma a los descendientes.

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